La maldición de Messi

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Parece una utopía, pero es una gran realidad. Lionel Messi, el ser todopoderoso, al que llaman extraterrestre por su infinito talento en la cancha, el que lo ha ganado todo con el Barcelona, anoche, después de tres finales consecutivas con la selección de mayores de Argentina, otra vez fue privado de la opción de levantar un trofeo, ahora el de la Copa América del Centenario, al caer en la definición por penaltis frente a Chile, nada más ni nada menos que con un cobro errado por él.

Cuando todo estaba casi que servido para que Messi, como capitán, por fin levantara una copa, su grito de celebración fue perfectamente controlado por los chilenos. Tras el 0 por 0 de los 90 minutos y el mismo marcador en el alargue, la definición se fue a la lotería de los penaltis. Y la felicidad fue mayúscula para los argentinos cuando Arturo Vidal botó el primer cobro. Sólo un minuto después, el castillo se le derrumbó a Messi cuando, de forma increíble, el 10 de la selección y del Barcelona, mandó el balón casi que a las tribunas.

La Pulga desde ahí no tuvo calma, se tocaba la cara con angustia, casi que como reprochándose, y la estocada final llegó cuando Lucas Biglia falló un cobro más y el título quedó nuevamente en manos de los chilenos. Messi metió la cabeza dentro de la camiseta. Y luego, sentado en el banco, no aguantó más y lloró. Sí, los extraterrestres también lloran. Sus compañeros fueron a consolarlo, pero Messi estaba absolutamente derrumbado. Después se sentó en la cancha con la mirada perdida, tal vez entendiendo por qué otra vez la miel se le escapó de las manos. Él sabía que esta era la oportunidad de oro para callar la voces de sus críticos, de quienes dicen que nunca será como Maradona porque no ha podido ganar con la albiceleste un título de la Copa América ni de un Mundial, como el que se le escapó en Brasil 2014, tras perder en la final con Alemania.

Messi sabía que Argentina tenía con qué. Porque había llegado invicta a la final, con la delantera más efectiva, con 18 tantos. Porque él, pese a que llegó lesionado a la Copa América, encontró su máximo nivel, anotó cinco tantos y además logró frente a Estados Unidos romperle a Gabriel Batistuta el récord histórico de goleador en la selección de Argentina, con 55 goles.

Pero no, la maldición con la de mayores sigue. Ya irá a casa a ver los 28 trofeos que exhibe en su vitrina personal, ganados con el Barcelona. Y a recordar que, a sus 29 años recién cumplidos, es el máximo artillero de la Liga española (313 tantos), el mayor goleador del club culé (482), el futbolista con más goles marcados en un año (91, en 2012) y el jugador con más Balones de Oro (cinco). Porque con la selección de mayores esta vez tampoco fue.

EFE

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